jueves 30 de abril de 2009

Tributo a JOR

Es curioso como a veces la perdida de una persona a la que solo hemos conocido por papel y prácticamente por lo que escribia públicamente (no un conocimiento privado e intimo) pueda afectar tanto. Me pasó ayer con la muerte de Javier Ortiz.

He estado pensando al respecto y creo que le leo desde hace unos años, a bote pronto diría que por lo menos 10 años, es probable incluso que lo haga desde los tiempos de El Mundo (lo compraba en la época que le atizaban al PsoE de Felipe Gonzalez y los GAL). Ultimamente, además de en su blog, le solia leer en Público. Gracias a esto he podido descubrir a otros columnistas interesantes aunque ese periódico no será lo mismo, aunque pueda tener su validez. Me pasó en su día con El Pais (que nunca he comprado regularmente) y la muerte de Haro Tecglen, ese periódico en el que además de Haro, solo valia la pena (y lo sigue haciendo) El Roto. En Público nos quedaremos con Reig, Isaac Rosa, Escolar, etc… pero siempre nos faltara algo.

De Javier Ortiz apreciaba muchas cosas pero en especial lo que escribia y como lo hacia, esa manera de hacer fácil lo difícil, de expresarse con claridad. Su visión de la política, la vida, la sociedad en la que much@s encontrábamos lugares.

Se que era muy perfeccionista con lo que escribia, dándole una y otra vuelta hasta quedar satisfecho. Asi mismo, sin estar de acuerdo con el en todos sus escritos e ideas, en la gran mayoría podía estarlo y muchas veces me ayudaba en discusiones (muchas de ellas “internéticas”) al enviar su apunte o columna de turno y asi evitarme largas exposiciones de un tema.

Ayer, una vez asimilada la noticia, me dio por repasar las reacciones a su muerte, mas allá de aquellos que se que le conocíamos y/o seguíamos. Me encontré que somos mucha gente la que lo echaremos de menos y aunque quizás (no lo se) a el mismo no le gustara este tipo de homenaje, no lo hago tanto por el sino por mi. Lo he hecho otras veces con personajes que no me merecen ni la mitad de respeto que este. Es un pequeño resumen que saldrá kilométrico pero que intentaré condensar lo mas posible:

Empiezo por los mas cercanos, aquell@s a los que conocí en la extinta patera (una lista de correo abierta a la que nos apuntamos via la pagina de Javier y que murió por tener mas ruido que nueces) y que luego desembocó en otra (esta cerrada, era mas como un coloquio de café, mas cercana, en la que tuve la ocasión de intercambiar algunos correos con el):

Hugo, en su Quien Mucho Abarca, le dedicaba dos post, uno, un obituario que concluye asi: “Sí voy a terminar con esa mala arte que denunciaba Javier Ortiz sobre los obituarios. Contando mi libro. No creo que me hubiera puesto nunca a escribir un blog si no fuera por Javier Ortiz. Deliberadamente he intentado que mi modelo fuera él, porque su forma de razonar es la que desde hace muchos años he intentado hacer mía y no creo que nadie haya sido citado tantas veces en este blog como él (incluso por él mismo, que dejó un comentario para matizar algo que conté de boca suya). Mi modelo ha muerto. A partir de mañana mismo mi forma de desayunar tendrá que cambiar. Ahora tendremos todos que aprender a utilizar una lógica incómoda por nuestra cuenta.”. El otro era uno de los artículos de Javier que mas le ha gustado a Hugo: “El diablo solo esta dormido”.

Pako desde sus Ugrafias, integradas dentro de las Voces Amigas en la propia página de Javier le dedicaba este emotivo post titulado “Siempre Jamaica, y ni patria ni muerte”(en directa alusión al último post de Javier), que acaba asi: “Ahora, con la muñeca izquierda apoyada en un libro de tu puño y tecla, solamente puedo decir que no sé si hay alguien en el mundo del que pueda aprender y disfrutar más jamaicas de las que me has mostrado. Si lo hay, da igual. Siempre serás el primero y el último. El maestro del verbo y de la sonrisa. El mejor Jor. El único Jor. El bueno, jodidamente bueno, Javier Ortiz Estévez.

Samuel desde su Quilombo titula “Huérfano”: “Ahora no tengo cabeza para pensar ni para escribir, sólo un vacío en el alma, cuánta razón tienen algunas canciones. Me quedo con su inconformismo, su generosidad, y ese sentido del humor que ha sabido conservar hasta el final.

Gracias por todo, maestro Javier.

Tambien dentro de las voces amigas, en La Celda de Jean Valjean titula “Adiós JOR” (JOR, diminutivo de Javier ORtiz, como coloquialmente le llamábamos para no poner siempre sus nombres y apellidos, cosas de vagos…): “¿Por dónde empezar cuando algo tan importante ha acabado? ¿Cómo articular en palabras el sentimiento de frustración que crece como hierba salvaje en el alma de un aprendiz? ¿Cómo manejar el dolor sin caer en lo ordinario, en lo común, en las frases enlatadas del catering emocional? Un escribidor espera resultar siempre original, desnudarse de una manera diferente, aunque la orquesta de fondo esté compuesta por los mismos músicos agotados. Si no, ¿para qué tomarse la molestia de expresarse? Hoy ni siquiera tengo ganas de música. Hoy me duele el alma.

Siguiendo en las mismas Voces Amigas, Luistxo Fernandez titula “Adiós a Ortiz” con esta pequeña introducción “Hoy ha muerto Javier Ortiz. Qué pérdida más jodida. Conocí a Ortiz a través de un amigo común, Mikel Iturria. La empresa en la que trabajó le rehizo este su sitio web, y lo dotó de una comunidad de blogs llamada Voces Amigas. De ahí a un tiempo, le pedí si podía crear este blog sobre Egunkaria, como una voz amiga más. Por supuesto que accedió, y me alentó en la denuncia del caso.

Gracias por la dignidad mostrada. Por saber escribir. Por saber denunciar. Adiós, señor Ortiz.”

Además de colgar una columna de JOR titulada “El diaricidio de Egunkaria”.

Jesus Cutillas, también dentro de las Voces Amigas ha titulado “Un cualquiera” el post que acaba de esta manera: “Un gran consuelo para los que le leíamos: sabía cuánto le queríamos. Yo se lo dije en al menos una ocasión, y hasta se lo canté en una canción que me inspiró, sabía cuánto le admirábamos y cómo nos servía de modelo a los que todavía creemos en algo parecido a la solidaridad ("pues sí que están mal las cosas si yo soy vuestro modelo" o algo así me dijo)... así que lo sabía, ya me ocupé yo de aclarárselo, literalmente, lo juro. Seguro que se ha ido sabiendo que era tan querido como lo era. No es poco. No se merecía menos. Ningún cualquiera se merece menos.

Besos a todos. Besos, Javier.

Mikel Iturri en sus Pedradas titula “Queriamos tanto a Javier” donde comenta: “Estos últimos días me estaba haciendo a la idea de que la mala nueva podía llegar en cualquier momento. Llevaba ya más de un mes largo en el hospital y su estado de salud era precario. Pero luego hay una llamada telefónica que te despierta a deshoras: ha sucedido algo. Y, claro, a esas horas las noticias nunca son buenas.”

Y lo acaba con “¡Lástima! Queríamos tanto a Javier. Te queremos tanto. Te seguiremos queriendo.

Agur, Javiertxo.

Belentxo desde su El portal de Belén titula “Javier” y arranca asi: “Hace algunos años, creo que 8 ó 9, escribí un correo a Javier Ortiz, quien por entonces publicaba en “El Mundo”, haciéndole algunos comentarios sobre su última columna, y explicándole que yo era, como muchas otras personas, una lectora asidua, y admiradora, de su sección. Me contestó de inmediato, muy amable y muy halagüeño. Así comenzó una amistad que con el tiempo se hizo íntima, y que duró varios años, hasta que se rompió hace algo más de un año por motivos que no vienen al caso.

Fransmestier en sus Vestigis (en catalá) titula “Jamaica o muerte”: “A aquestes hores segurament tothom a qui pugui commoure la notícia ja la conegui, i el títol d’aquest entrada soni a la contrasenya secreta amb la qual en el futur ens identificarem.

No puc dir que amb en Javier Ortiz fóssim amics –encara que en un dels seus Apuntes del Natural tingués la gentilesa de donar-me aquest tracte i jo el considerés com a tal- perquè ens havíem freqüentat poc i gairebé sempre mitjançant correspondència o missatges a la seva llista de correu, però la seva mort m’ha colpit d’una manera que mai faria la d’una simple coneixença. Ara m’adono que en els darrers vuit o nou anys ell ha estat una de les presències més estables de la meva vida; una de les persones a qui he llegit de manera més fidel i amb més regularitat. Perquè com tants d’altres, era dels qui s’alçava al matí amb el deler de seguir la seva crònica, primer als Diarios de un resentido social i després en els esmentats Apuntes i a la seva columna de Público, que substituïa a la de El Mundo, d’on n’havia plegat com a director d’opinió per “incompatibilitats ideològiques.” Un dolç hàbit, d’aquells que hom incorpora a la seva quotidianitat de manera discreta sense descobrir com arriben a marcar els seus dies fins que alguna impertinència, sovint la maleïda mort, els aboleix sense esmena.”

El mismo día revisando las reacciones a la noticia en distintos blogs encontré multitud de referencias y comentarios (es una pequeña muestra, no tengo ni el tiempo ni la posibilidad de hacer un resumen total y completo, pero sirva como muestra):

Rosa Maria Artal titulaba en su blog “Una ausencia lamentable” del que extracto: “Autor de diez libros, gran parte de su carrera periodística la desarrolló en El Mundo, cuando El Mundo era otra cosa. Allí le conocí, era el jefe de Opinión y me recibió. Me presenté con un elaborado texto pidiendo escribir ”opinión”, ya que la objetividad a la que obliga el periodismo cotidiano deja muchas cosas en el tintero. Y me dio la primera oportunidad en ese sentido: una de cuatro columnas simultáneas que daban otra visión de la actualidad y que creo salían los domingos.

Otros blogs que recogían la noticia y añadían un comentario son, en todos se aporta un matiz: La Ramera Escarlata que titulaba “Javier Ortiz: Agur compadre”, Testigo Accidental que titulaba “Gracias, Javier”, Los Proscritos titulaba “Javier”, La Mancha Roja titulaba “Javier Ortiz se va”, La guerra de las salamandras titulaba “Ha muerto Javier Ortiz”, L’Aixeta titulaba “Javier Ortiz s’ha mort”, Difèrencia i Repetició titulaba “Javier Ortiz: Adéu a un gran”, Cuaderno de Campo titulaba “Javier Ortiz ha muerto”, Utopia Existe titulaba “Javier Ortiz”, Rare titulaba “Javier Ortiz”, El daño de Luzbel titulaba “Adios, Javier Ortiz”, El cincel social titulaba “Javier Ortiz”.

Dentro del gremio de periodistas ha habido un gran eco a la noticia, igual que con los blogs hago un pequeño resumen ya que intuyo que alguno me dejaré en el tintero y que se publicará algún que otro articulo mas, sirva pues de muestra:

Javier Vizcaino, conductor del programa Mas Que Palabras los fines de semana en Radio Euskadi, donde colaboraba JOR, titulado “Agur, queridísimo Javier Ortiz” arrancaba asi: “Escribo sin creer aún que sea cierto, deseando con las fuerzas que no me quedan que vuelva a ser otra de sus bromas macabras. Ya se la jugó a más de uno -qué cabrón- hace unos años, cuando le dio por publicar para celebrar sus sesenta tacos el mismo auto obituario que hoy nos ha dejado la sangre helada y esa hijaputa sensación de vacío pegada como una lapa en todo el medio del alma.

No pienso extenderme en loas porque, aunque tenía su ego, no le gustaban nada. Diré sólo que era el puñetero amo (ya lo dejé por escrito) y, si me pongo egoísta, que sé que me quería bien y no perdió la oportunidad de decírmelo muchas veces. Me decía: "Javi, vas por el mismo camino que yo y eso no es bueno". Joder, qué duro es esto. No puedo escribir más. Sólo quería gritar que me duele mucho haber perdido a Javier Ortiz, un tipo que era... poco más o menos como podéis comprobar en la entrevista que le hicimos hace cuatro años y medio en MQP, el programa en el que, nos consta, más a gusto se sentía.

Raimundo Fitero en Gara arrancaba su articulo titulado “Impropio” con este recuerdo hacia JOR: “Ha muerto el donostiarra Javier Ortiz, tertuliano de «Pásalo», y el simple recuerdo de estas apariciones en este espacio tan anclado en un territorio televisivo tan marcadamente amorfo, me duele. Lo cierto es que es impropio traer a este periodista a su obituario por este tramo de su vida profesional y no por sus libros, sus columnas, su pensamiento, su profesionalidad, sus, aventuras editoriales. Hasta por su amistad. Me queda la palabra prestada, la admiración, el recuerdo y la fiel discrepancia.

En el mismo periódico publicaron un obituario donde entre otras cosas destacaban: “Pero su pasión convertido en oficio fue la de escribir, «erre que erre». Desde escritos políticos hasta libros «Incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad». Y en distintos medios de comunicación madrileños, en los que ejerció como aguijón crítico, a veces en solitario. En «El Mundo» conoció de primera mano las investigaciones sobre los GAL, pero luego lo abandonó por «incompatibilidad ideológica».

En su columna, Ortiz fue de los pocos que desde Madrid denunció la práctica de la tortura, el abuso represivo o la estrategia de ilegalizaciones. Y siempre con humor. Ayer se despidió de los lectores dejando, dice el obituario, «otro puesto disponible».


En El Mundo Alex Salmón le dedicaba un articulo titulado “El disidente Javier Ortiz”: “LA MAÑANA se levanta temprano y hay que ir a hablar de pandemia y de Carretero a la radio. Pronto me entero de la muerte de Javier Ortiz, periodista y compañero de este diario hasta el año 2000. Comenzar el día noqueado es mala cosa. Ortiz fue en este diario la forma disidente de comportarse para que todos fueran más listos. Ante él sólo había una forma de actuar: con argumentos. ¡Qué bien nos fue a todos! Su estilo siempre formará parte del estilo de estos 20 años, que celebraremos pronto. Ocupé su plaza como editorialista cuando decidió pensar desde fuera. Digo ocupé; Ortiz era insustituible. Fueron momentos de mucha tensión en su País Vasco querido, cuando el término «diálogo» estaba ahogado en bilis política ya que según cómo se utilizara tenía cierto tufillo dogmático. En todo, Ortiz siempre ponía el contrapunto para conducir la idea a aquel lugar que el diario había pensado que se debía llegar. Su muerte nos deja muy tocados a los que fundamos este periódico hace 20 años.

Entre las reacciones de sus compañeros de Público:
Nacho Escolar titulaba “Javier Ortiz, la metamorfosis y la muerte”: “Hace unos días, en una de sus últimas columnas Javier Ortiz citó a otro maestro, Manuel Vázquez-Montalbán, en una frase que a él también le definía: “Te acuestas siendo un triste socialdemócrata y, por la mañana, cuando te levantas, resulta que te has convertido en un peligroso izquierdista. Como el tiempo trascurrido te ha pillado en la cama y durmiendo, deduces que la metamorfosis no puede ser cosa tuya, sino de los demás”.

La metamorfosis de los demás a Ortiz no le cambió. Tampoco pudo con su excepcional sentido del humor que, como su coherencia, le acompañó hasta el final, hasta su última frase, hasta su obituario.

Isaac Rosa titulaba “Para que no se note que no esta Javier” que arrancaba asi: “Fiel a su estilo, Javier dejó escrito un obituario burlón para su propia muerte, para ahorrarse la típica necrológica “burocrática y de circunstancias”, llena de lugares comunes: la que escribiríamos quienes apenas le conocimos personalmente, por mucho que quisiéramos honrarle en su despedida.

Y en efecto, si intento escribir una columna de homenaje, donde expresar todo lo que admiré en él –su independencia, su constancia, su inteligencia, su curiosidad y su desconfianza-, en cada línea oigo su risa. Sé que él sería capaz de escribir, sólo un día después de su entierro, una columna contra sí mismo, en la que desmarcarse del dolor por la pérdida, de la tristeza general y del recuerdo emotivo, para poner el dedo en la llaga, incluso en la propia.

Manolo Saco titulaba “Una alegría para el enemigo” que terminaba de esta manera: “Mal fario. Suena a chiste. Como el condenado a muerte que rechaza el último cigarrillo porque resulta fatal para la salud. Hacer la crónica de su propia muerte necesita de mucha dosis de buen humor, del mejor humor negro. Ya no puedo preguntárselo, pero seguro que hizo el simulacro de morirse en vida por pasar lista, por comprobar la fidelidad de sus amigos, y tal vez la de sus enemigos.

En este oficio, uno nunca sabe cuántos hay en cada bando. A mí, por ejemplo, lo que más me duele de morir no es que todo mi cuerpo se disuelva en la nada, sin que me espere ni dios al otro lado, y que el plomo busque al plomo, el calcio, al calcio, el hierro, al hierro, y así cada elemento químico que me conforma vuelva al estado inerte. Lo que más me jode de morir es la alegría que le voy a dar a mis enemigos. Y creo que Javier y yo compartimos unos cuantos.

Que la tierra le sea leve.

Tambien en Público, Augusto Zamora R. (Embajador de Nicaragua en España) escribia un articulo titulado “Javier Ortiz, con una sonrisa complice” del que extracto estos dos párrafos: “Me gustaban su pluma mordaz y sus artículos sin concesiones, que tanta irritación provocaban a los destinatarios. Pero sobre todo me gustaba su capacidad para ser un amigo leal, como lo fue conmigo y con los otros pocos que llegamos a compartir. Compartíamos también otros denominadores. Ambos nos habíamos iniciado pronto en la militancia de izquierda, para combatir a nuestras respectivas dictaduras -la franquista él, la somocista yo-; ambos habíamos hecho del periodismo una trinchera (Javier con muchísimo más tino y calidad, debo decirlo) y, desde 1998, compartimos medios de prensa, El Mundo durante casi diez años y Público, desde la fundación de este diario.

Había otro elemento común: Javier no había abdicado de sus ideas ni ideario, a pesar de que, si lo hubiera hecho, le habría ido mejor en diversos campos terrenales. Ofertas no le faltaron; pero optó por seguir siendo lo que había sido, es decir, él mismo. Tal hecho estaba en la médula espinal de sus escritos. Podía tirar cuantas piedras quisiera sin temor de que se las devolvieran en simple o por triplicado. No hay muchos javieresortices en este mundo y esa carestía hará más notoria su prematura ausencia. ”

Pascual Serrano titulaba “Javier Ortiz, maestro de periodismo y principios” del que extracto: “Su integridad intelectual no dejaba de impresionarnos a todos los que le conocíamos. No dudaba en golpear con su crítica honesta y sincera a ETA al tiempo que maldecía todas las tropelías que jueces, políticos y medios cometían contra la izquierda abertzale. Como editor de la colección Foca tuvo muy claro que había que publicar un libro de Nicolas Sarkozy, con quien no compartía ninguna idea, porque estaba convencido de que era necesario conocer su pensamiento cuando era candidato presidencial. Y sobre Cuba tenía muchas críticas sin que eso le impidiera reconocer el ejemplo que esa revolución suponía para todos los pueblos del mundo. Su honestidad le llevaba a criticar a los periódicos para los que trabajaba sin dejarse dominar por ese servilismo tan habitual de los periodistas. Y, al contrario, la información interna que manejaba la podía utilizar para defenderlos frente a calumnias sin fundamento.

Me sorprendió gratamente leer a Pepa Bueno, conductora de los desayunos de TVE, que titulaba su breve nota “Javier Ortiz, lúcido hasta la muerte”: “Durante años, rastreé los periódicos donde escribió, de la breve experiencia de Liberación a sus años en El Mundo porque no podía empezar el día sin leerlo. Yo solía decir entonces que leer a Javier Ortiz era como tomarse un café negro y sin azúcar. Si eso no te espabila, ya no hay nada que te espabile. Ahora lo seguía en Público . Esta mañana su muerte me ha pillado saliendo del plató.

No nos conocíamos. Hablamos hace dos años para colaborar en Los Desayunos, pero al final no salió por las bobadas que a veces truncan las cosas que pueden merecer la pena. El domingo fue el último día que al leer su artículo de Público me dije : tengo que volver a llamar a Ortiz. Un artículo que terminaba diciendo: "un fantasma recorre Europa: el encastillamiento de los poderosos".

Fiel a la lucidez, la acidez y la retranca que convertían en imprescindibles sus columnas, dejó escrito en su blog, su propio obituario.

Salvador Arnal en Rebelion titulaba “En la muerte de un periodista que nunca claudicó” y terminaba su articulo de esta bonita manera: “Ni que decir tiene que ni en él ni en su obra habitara nuestro olvido. Ha fallecido, si no ando errado, este 28 de abril, tres días después del aniversario de aquella revolución de los claveles que también fue la suya. Un clavel rojo intenso vuela hacia él.

Blas López-Angulo también en Rebelión titulaba “Día de San Javier Ortiz” y arrancaba asi: “En mi santoral el 28 de abril no será el día de un tal San Luis MaríaGrignon de Monfort, por haber muerto el 28 de abril de 1716, a la edad de 43 años, agotado de tanto trabajar y predicar. En mi particular santoral el 28 de abril será el día de un tal Javier Ortiz Estevez, por haber muerto el 28 de abril de 2009, a la edad de 61 años, agotado de tanto trabajar y predicar en el desierto. En el puto desierto en que nos deja, sin él definitivamente desierto.

Juan Carlos Latxaga, habitual opinador en Deia titulaba en su blog “Ha muerto Javier Ortiz”: “Si no sospechara que le parecería un topicazo, escribiría que un periodista de raza ha muerto con las botas puestas. Así que no lo hago. Prefiero remitirme a lo que él mismo ha dejado escrito para ser leído tras su muerte. A Javier no le gustaba el género necrológico. Decía que sólo servía para que el escribiente de la nota se diera autobombo a cuenta del fallecido y seguro que por eso ha sido él mismo quien ha escrito su propia necrológica. No puedo estar más de acuerdo. Por eso, ésta no es una nota necrológica. Si no sospechara que a Javier le parecería muy fatuo, escribiría que éste es un homenaje a un periodista de cuerpo entero, militante de la libertad y de la integridad profesional. Tampoco lo haré. Este es un simple post escrito mientras cae una lagrimilla. Le echaremos de menos.

Por último, otras dos muy gratas sorpresas de mano de dos humoristas (viñetistas?), Kalvellido que titulaba “Buenos días nos dé Dios?” viñeta y escrito incluidos y que arranca asi: “Hará un año y poko ke leo a Javier Ortiz. Y me enkanta. Ácido, kruel , krítiko y kon mucho humor… Tanto me gusta ke lo koloké en la kolumna de mis amigos ( aunke él, seguro, no me konociera ni de rebote!), ahí más abajo a la derecha ( lo siento, Javier) de ésta página dónde pone El dedo en la llaga.

Día a día su dedo, me hacía reir, rekapacitar, pensar… Y lutxar!

Mira si el tío era iróniko (y he intentado evitar por todos los medios hablar en pasado en ésta kuatro irrisorias líneas, ke konste!) ke un día estando aburrido, y kon el humor sarkástiko del ke hace gala en todos sus eskritos, redaktó su propio obituario para pasar el tiempo, Hala así komo kien no kiere la kosa! Si ya te digo, un fenómeno! Y bueno, también lo hizo, “pake” no…
” Cualquier gacetillero inútil arruinara mi muerte con una necrológica burocrática y de circunstancias.”

Tal komo el kería lo publiko akí, en mi modesta página, para rendirle un pekeño homenaje ( a mi manera), a la espera de ke sus amigos y editores le hagan el ke se merece.
Javier allí, también, ni un paso atrás!

Obituario

Hoy, como resulta que es mi cumpleaños, que estoy de viaje y que me he ido sin el ordenador portátil –no me toca escribir para el periódico hasta el viernes y el aparatito pesa lo suyo– os he dejado de archivo una humorada. Se trata de mi obituario. O mi necrológica, o como queráis llamar a eso. La he escrito porque no quisiera que el día en que me muera cualquier gacetillero inútil arruinara mi muerte con una necrológica burocrática y de circunstancias. De modo que os encargo colectivamente de que, cuando fallezca, hagáis lo posible para que sea éste el obituario que salga publicado.

Mel, por su parte escribia este post titulado “Javier Ortiz”: “Hoy ha fallecido Javier Ortiz, uno de mis dos periodistas de cabecera. Brillante y honesto, tenía una habilidad única para, en pocas líneas y con aparente sencillez, resaltar lo absurdo, lo esperpéntico o lo hipócrita de muchas actitudes y tics de la política.

Memorable cuando recordaba que, siendo redactor jefe en El Mundo, un importante dirigente político les envió (via mensajero) unos documentos reservados.
El personaje andaba como loco llamando a la redacción para confirmar que ya los habían bien. ¡Y es que tenía convocada una rueda de prensa para indignarse por la misteriosa filtración!

Aprendí mucho leyéndole.

D.E.P.

Aquí pueden leer el obituario que, con su habitual ironía, se autoescribió hace dos años, porque no quería que "el día en que muriese cualquier gacetillero inútil arruinara su muerte con una necrológica burocrática y de circunstancias"”

Ni son todos los que están ni están todos los que son. Mis disculpas si me dejo a alguien en el tintero tan solo quería reflejar el impacto que ha tenido la noticia en tanta y tanta gente. Un detalle mas de lo que fue.

Hasta siempre Javier.

martes 28 de abril de 2009

Ha muerto Javier Ortiz

Esta es una noticia que nunca hubiese querido subir y la escribo con pena.
Ha muerto Javier Ortiz. Se va uno de los grandes del periodismo, crítico e ironico tanto con unos como con otros.
Muestra de su humor dejó escrito su propio obituario que reproduzco a continuación:

OBITUARIO

Javier Ortiz, columnista

Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.

Así que en ésas estamos (bueno, él ya no).

Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía –lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía–, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)

La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras –ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo–, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.

Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.

A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas –algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos–, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.

A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia –ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París–, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca –y sea, de hecho–, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.

Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander... Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación –y Mar, y Mediterranean Magazine– y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones... Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.

Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.

En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.

Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.

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Javier Ortiz, escritor y columnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer en Aigües (Alicante), tras dejar escrito el presente obituario.

http://www.javierortiz.net/jor/apuntes/obituario

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Y, entre otras muchas, esta declaración de principios:


Sueño con Jamaica

Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.

La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.

Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y esos es todo, y nadie le da más vueltas.

En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.

Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.

Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.

Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.

Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.

Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.

Jamaica o muerte. Venceremos.

viernes 3 de abril de 2009

'Álava, Vizcaya y Guipúzcoa' por Antoni Bassas

No soy muy de El Periodico pero el articulo que publican hoy escrito por Antoni Bassas me parece interesante, se titula Álava, Vizcaya y Guipúzcoa:

Según lo publicado esta semana, el acuerdo entre los socialistas y el PP para gobernar en el País Vasco incluye el cambio "de las representaciones gráficas e infográficas" de la televisión pública, que se limitarán al marco de la comunidad autónoma. O sea, que peligra el mapa del tiempo que incluía Euskadi, Navarra y el País Vasco francés. Curioso, porque a continuación los firmantes aseguran que todo esto se hará sin perjuicio de informar sobre "el entorno cultural o territorial". ¿Qué entenderán por entorno territorial de Euskadi?
Una vez más, los que se pasan el día acusando a los demás de nacionalistas cerrados son los que hacen el mapa más pequeño. Son los mismos cosmopolitas que presumen de recibir la CNN y Al Jazira y se embelesan con el Google Earth, pero impiden que TV-3 sea recibida en la Comunidad Valenciana.
En la sociedad de la imagen electrónica, el mapa del tiempo televisivo articula un "nosotros" cotidiano de una enorme carga simbólica. En efecto, el mapa del tiempo no es neutral. Bajo las isobaras existe un mapa físico y político a la vez. Y esto vale para todas las televisiones nacionales del mundo.
Pero ¿qué tiene que hacer una TV cuando comparte lengua, cultura, historia o derecho con los territorios vecinos? Desde un punto de vista del mercado, ¿una cadena debe renunciar a ampliar su público potencial porque pesa una separación administrativa?
Y, si tan políticamente correcta tiene que ser la meteorología, ¿por qué no también la enseñanza? En Catalunya, por ejemplo, ¿por qué enseñar a los alumnos la importancia que tienen para la literatura catalana el valenciano Ausiàs Marc o el mallorquín Ramon Llull? ¿O eliminamos también de los libros de historia las expediciones de Jaume I a Valencia y Mallorca?
No sé exactamente si Euskal Telebista solo tiene un mapa, pero TV-3 ha encontrado una respetuosa solución de compromiso con todas las sensibilidades cuando combina el mapa de Catalunya, el de Europa occidental que incluye el tiempo en España y el de los países de habla catalana. Le deberían quedar muchos telediarios.